Miles de fieles arrancaron desde hoy su caminata rumbo a Caacupé, y la terminal de ómnibus parecía cancha en clásico: repleta de gente queriendo llegar a la “capital espiritual”. Desde ahí bajan en Ypacaraí y empiezan a pata por la ruta, mientras otros salen directo de Asunción, rosario en mano, para cumplir promesa o agradecer por el año.
En el camino ya se ve de todo: familias enteras, jóvenes con su grupete, abuelos guapísimos y hasta los que van descalzos pidiendo fuerza pa’ seguir. La subidota del cerro antes de entrar a la villa serrana es la prueba final, pero todos dicen lo mismo: “por la Virgencita, todo vale”.
Para que nadie quede tirado, hay puestos de salud, agua fría, ambulancias, bomberos voluntarios y hasta clínicas móviles. A cada tanto, un kuimba’e o kuñata’i de la Cruz Roja te ofrece una mano pa’ las ampollas o el haku de la caminata.
Muchos planean llegar ya esta noche a la basílica pa’ la vigilia, la serenata y asegurar lugarcito para la misa de mañana a las 6. La fe mueve montañas, y hoy también mueve kilómetros: un verdadero río humano avanza firme buscando un milagro, una gracia o simplemente decir gracias, Virgencita, por un año más.
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