Durante 27 días de ruta, una pareja de motociclistas emprendieron una travesía única por algunos de los paisajes más extremos y emblemáticos de la región, recorriendo caminos de Argentina, Uruguay y Chile, cada uno a bordo de su propia Star Tekken 250. El objetivo inicial fue claro y simbólico: llegar al kilómetro cero de la mítica Ruta 40, uno de los puntos más representativos del motociclismo sudamericano, y continuar hasta Ushuaia, conocida como la ciudad del fin del mundo.
Los pilotos Liliana Chávez, quién manejó una Star Tekken 250 de color gris y Jhonatan Quintana en una de color blanco con naranja, conocidos en las redes como IsmaLi Sobre Ruedas, llegaron a Ushuaia, y alli comprendieron que para quienes viven la ruta como forma de vida, el final siempre está un poco más allá. Por eso cruzaron a Chile y alcanzaron Puerto Williams, considerado “más allá del fin del mundo”, confirmando que los límites no siempre coinciden con los que marcan los mapas.
“El sur nos recibió con su belleza característica, pero también con condiciones extremas, ya que a lo largo del recorrido nos tocaron vientos intensos con ráfagas superiores a los 70 km/h, que en varios tramos nos desplazaban de carril y exigían detenerse para sostener las motos con el cuerpo hasta que el clima diera tregua”, comentaba el motociclista.
La Ruta 40, recorrida en gran parte de norte a sur durante el regreso, puso a prueba tanto a los viajeros como a las máquinas: largas distancias sin servicios, calzadas deterioradas, curvas cerradas y vientos constantes. “En todo momento, las Star Tekken 250 respondieron de manera impecable, demostrando estabilidad, resistencia y confiabilidad, incluso en las condiciones más adversas. Su desempeño fue clave para avanzar con seguridad y confianza kilómetro tras kilómetro, destacaba Ismali.
La travesía también regaló momentos inolvidables: acampar en playas solitarias, despertar frente a paisajes imponentes, atardeceres únicos y una profunda conexión con la naturaleza y la ruta. Instantes que dieron sentido al esfuerzo físico y emocional que implica un viaje de estas características, lo cual exige planificación, paciencia y respeto por el clima. En este recorrido, el monitoreo constante de las ráfagas de viento fue una herramienta fundamental para evaluar día a día si las condiciones permitían continuar de forma segura.
Más allá de los kilómetros recorridos, esta travesía fue una experiencia transformadora. Una prueba de resistencia, de trabajo en equipo y de confianza mutua. Confirmaron que, cuando las máquinas responden, la valentia avanza; y que viajar en moto es una forma de vida que se construye en pareja, en sus casos, con esfuerzo, respeto por la ruta y pasión por lo desconocido.
Esta hazaña demuestra no solo la capacidad de los pilotos paraguayos, sino la fiabilidad de las motocicletas STAR en los terrenos más hostiles del continente.
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